|
|
Era un día
Era un día
Era un día de lluvia eterna y frío en la ciudad, tú plantabas nomeolvides, yo admiraba el temporal. Comenzaba un común incierto a modo de premonición, golpeaban las hojas muertas en la esquina de mii habitación. ¿Y si nos ahogamos en un breve y terrible absorver como los ahorcados al gentío de un atardecer de espantosa suerte?
“Y si fuera el día bueno aquí dentro iría mejor”, me decías mirando al suelo mientras dabas cuerda a tu reloj. Estoy hundido y no estoy solo, son rugidos de una excavación. Ya no puedo parar la lluvia, la ciudad se va a inundar. ¿Y si nos ahogamos en un breve y terrible absorver como los ahorcados al gentío de un atardecer de espantosa suerte?
Era un día de largos vientos y tabaco negro en el pulmón, de miradas sin talento, de una intensa imperfección. ¿Y si nos ahogamos en un breve y terrible absorver como los ahorcados al gentío de un atardecer de espantosa suerte?
Volver
Breviario del caos*
… y además ya no hay valor en nadie, las dudas son el eslabón de los días y la eternidad insoportable, y la eternidad …
Supongo que es mejor empezar una guerra, desmantelar otra ciudad miserable: Este es el pesar del desorden, el colmo del pesar.
La confusión no es más que un altar de perros, la tempestad, la nulidad de los tiempos, la revolución: Un derribo para respirar entre las ruinas.
Este el pesar del desorden, el colmo del pesar.
Volver
Pasado el tiempo
Mi casa tiene huecos, mi casa tiene oídos. Oye bien mi voz. Mi casa tiene alas, mi cuerpo también pero pierde altura si no hay amor que valga mi pena.
Mi vida dividida del campo a la ladera, de tu país a mí. Hay sueños extrangeros que vienen tan cansados que no saben reir si no hay amor que valga mi pena.
Recuerdo tus miradas, tus libros, tu alegría, tu “Siempre estaré aquí”. No hay cruces en los mapas, no hay luces en las casa si no hay amor, si no hay amor, si no estás tú curandoo mis horas.
Volver
Hay hombres
Hay hombres con paso firme y dudas en el sombrero, que hablan de amor mientras planean una guerra nuclear.
Y así está bien mi vida, así está bien.
Hay lluvia que nos mojará a mitad de camino, y tan dura caerá que hará cambiar el recorrido.
Y así será tu vida, así será.
Hay torpes manos que van rompiendo poemas que hablan de mí y que servirán de pasto a las fieras.
Y así podré ser duda, así podré.
Volver
Lagartos
He quemado mi casa a la tarde del viernes, como antes del cambio. Aún me siento culpable. He perdido a los dados toda mi alegría. Soy un cantante de mierda, perdón por disimular. Hay surcos que duelen en este vacío, hay obras de hierro detrás de mi espalda.
Volver
Viéndolas venir
Me han abierto el equipaje unos afortunados y ahora vivo en terminales de grandes aeropuertos: ¡Me ha salvado del desastre un perro lazarillo! Como sopa de cebolla de los almacenes, pongo discos de Bob Dylan por magafonía. La gente me desvela, Lázaro aúlla. Y así voy a vivir el resto de mis días: Viéndolas venir, viéndolas venir…
He visto a gente ensimismada contando aviones, despedidas tras cristales con marcas de lluvía. Hay sexo en los lavabos de caballeros. Y así voy a vivir el resto de mis días: Viéndolas venir, viéndolas venir…
Volver
Mejores días
Heme aquí fumando en los tejados, alargando el día como un charco. Y nadie me observa, salvo mirlos con mala cara. Me iluminan la luz de las cocinas cual profano abandonado a Dios. Y el mundo es tan frío bajo un cielo asfixiado…
Amenaza a mi insoportable insomnio un manso murmullo de radio. Y palpo la muerte de un hombre aburrido…
Va espesando la niebla en los tejados, mientras tanto yo apuro otro cigarro y sin dudarlo se que habrán mejores días que hoy…
Volver
Buscando casa
Todo igual siempre.
Como cuadros colgados en paredes blancas, como el tiempo perdido detrás de los años.
Nada parece nuevo.
Las canciones de Charlie me siguen gustando, hay minutos del día que jamás se vuelven extraños.
Días de calma sin lluvia, ojos buscando casa.
Como niños perdidos en algún lugar nuevo.
Todo igual siempre.
Volver
Inviernos
Hay un invierno que vuelve a esperarme tras la puerta, a teñir mi voz de lluvia. Siempre hay días borrados del mejor de los años y un doctor de vocación hipocondríaca: ¿Cómo aliviar esta eterna duda y vislumbrar la verdad más dura?
Hay un desierto en mis manos, un cajón de frases rotas y un jirón en mi disfraz de hojalata. Vive un actor en la sombra que recita en esperanto, que hablará mal de mí cada mañana: ¿Cómo evitar, al acabar el día, disimular las mentiras? ¿Cómo aliviar esta eterna duda y vislumbrar la verdad más dura?
Volver
La orquesta del fin del mundo
Trajes grises y sombreros de copa colgados junto a floreros con forma de mujer. Un buen lugar para el fin del mundo, cuando llegue que no quede ni rastro de champagne. Las mujeres que brindan por los hombres que besaron sacaron sus mejores vestidos de seda roja. Fresas y humo despiden al viejoo que tanto tiempo anduvo entre aromas de Channel.
Y la orquesta toca la canción de Robinson para el fin del mundo, y un joven canta All you need is love con los brazos abiertos.
Luces dormidas que quieren ser oro: la última escena que vieron los amantes del cine francés. No quedan horas para el fin del mundo, ahora podemos cantar Tonight will be fine.
Y la orquesta toca la canión de Robinson para el fin del mundo, y un joven canta All you need is love con los brazos abiertos. Y la orquesta toca Ne me quitte pas para el fin del mundo, y un joven canta All you need is love con los brazos abiertos.
¡All you need is love, love!
Volver
Fin
El escritor de versos va tejiendo un fin de siglo por calles que hacen de imán a los precipicios, desafiando con muecas a quien ose dudar del fin. “El fin es la mitad de cualquier fragmento”, dice en un cartel sin luz del cementerio, acumulando los días en la parte de atrás del mundo. “¡El mundo llega a ser el error más predecible!”, grita el escritor en caída libre, como un recuerdo al viento. El mensaje dadá del fallo.
Volver
Breve Historia Universal
Bien, si hoy no han salido tan bien las cosas será cuestión de azar, ¿o es que la suerte es para los demás? Puede ser que los planos estén equivocados y que todo sea un error, que pequen los libros de sociabilidad, que oculten cada día la mitad del mundo para otro día.
Bien, si crees que hay oro para los desheredados, memoriza esta canción: “No hay ningún santo que vele por los dos”. Puede ser el tenue rumor de la desidia el mal de los demás, precisamente por eso sigo aquí. ¡Qué pasen mil días sin salir de casa, qué caiga enfermo de estupidez! ¡Qué tiemblen los muros y formen huecos! ¡Qué duda cabe!
Volver
El mal trago
Te haré una canción con frases de otros, como un escritor en horas bajas. El día se fue, vuelve a mi vida el mal trago.
La tarde cubrió con tinte de plomo un cerco de luz de cada ventana, cambiando el final de nuestras vidas por un mal trago.
Cambié mi valor por metros de estraza, para envolver la duda a mi cara. Supimos que así rozaba en los labios el mal trago.
Cambiando el final de nuestras vidas por un mal trago.
Volver
Uno más en el exilio
Te dejo mi disco de los Rachel´s para que llores algo más, recuerdame cuando me exilie porque no voy a volver. Perdí una vida en tus ojos que nunca aproveché, tengo dinero en mi bolsillo para tener que robar. Me marcharé al mediodía cuando escuche a los perros ladrar, como castigo alguna duda, como equipaje nada más. Te quiero a veces cuando duermo, cuando todo va a mejor. Soy uno más en el exilio de los que no van a volver, porque me muero en esta calle y yo no quiero no quiero morir, porque me asustan los tejados, porque me niego a no olvidar cada día, porque soy capaz.
He dormido en los lavabos, he advertido el resplandor de los días traicionados de carne y de amor. Cuano esté anticuado el beso, cuando logre terminar de leer mis libros rotos, cuando no queden meses peligrosos, cuando brillen los veranos, cuando ya no duelan más, cuando crezcan las sorpresas quizá piense en llamar. Porque me muero en esta calle y yo no quiero morir, porque me asustan los tejados, porque me niego a no olvidar cada día, porque soy capaz.
Volver
¡Eureka!
Gritaste: ¡Eureka!, al doblar las esquinas a gran velocidad, retumbaban tus pasos por toda la ciudad. Domestiqué, tras el error, tu voz que hablaba fuerte en mi interior: “Robarás todo lo que nunca quise.” Y no dejaste nada en pie, salvo mitos de desesperación y días fríos sin fecha ni ubicación.
Al comprobar la inclinación natural de esta pendiente advertí fatalidad al instante, en el mismo instante. Acostumbré a ignorar con estilo el fracaso personal, a organizar mis discos de Edith Piaf. Y el invierno se cerró, como un saco en manos de un ladrón, como gatos bajo un cielo aterrador.
Y no volví a la ciudad donde habitan los ecos de palabras que se abalanzan contra mí y me derriban.
Y los sabios al compás, bajaron raudos y firmes el pulgar, espectantes de un largo y gran final.
Volver
Menagerie
Puedo narrarte mi ausencia pero no debo manchar mi regreso. Yo puedo ser tu vecino y escribirte canciones sin contradicciones, volver a verte desnuda junto a aquel espejo, segarme las manos con él, y teñir de sangre tu agua.
Puedes cobrarme un pasaje, de viaje en viaje, al recuerdo en que me nombras. Yo puedo ser tu bebida de los días de furia en paredes acolchadas, volver al hueco temporal de los días perdidos, cortarme el pelo otra vez y callar cada vez que tú hables.
Puedo imaginar las montañas altas, las que tienes en tu cuerpo con miradas anchas, puedo despreciarte las palabras. Puedo respirar en medio de la lluvia, dibujar sobre tus piernas en dos lunas llenas, ¡puedo matarte cuando quiera!
Volver a verte desnuda junto a aquel espejo y teñir de sangre tu agua, puedo narrarte mi ausencia pero no debo manchar mi regreso.
Volver
El Colectivo
Me da igual que mueran los perros o que lloren de amor mis más viejos amigos, que me digas: “Adiós”. Sabiendo que no te he querido, que nunca fui yo. Por mí que mueran de un golpe los hijos de Dios; olvidad que nunca he vivido y que siempre fui yo quien guardaba vuestros abrigos. Somos la parte más vulgar de cada detalle de cada ciudad.
Me da igual que griten mujeres y la Guerra Mundial, que pierdan los mejores, que se olviden de mí los nuevos perdedores. Aprendimos a decir adiós, a perder los amigos, a ser lo peor: Escombros de la obligación, madera de pena, retales de amor.
Somos palabras de dolor, el lado más triste de una canción, recuerdos de algo mejor, el tiempo perdido en cada estación.
Volver